Como regla general: ten en la cuenta corriente el equivalente a un mes de gastos con un margen extra del 20 %, y guarda un colchón de emergencia de entre 3 y 6 meses de gastos en productos que puedas recuperar en 24-72 horas sin penalización. Si eres autónomo o tienes un pequeño negocio, añade entre 3 y 6 meses de costes fijos para la caja, en una cuenta separada. El resto de tu dinero no debería dormir en la cuenta: cada año que pasa parado, la inflación le recorta poder de compra.
Esa es la respuesta corta. La buena noticia es que calcular tu cifra exacta —no la de un artículo genérico— te llevará un cuarto de hora, y no hace falta esperar al domingo: puedes hacerlo esta misma tarde con la app del banco. Soy Natalia Fombella, economista, y llevo más de diez años ayudando a pequeñas empresas y familias a decidir exactamente esto: cuánto dinero tener a mano, dónde tenerlo y qué hacer con el resto. Te lo cuento en cristiano, con números que puedes repetir con tu propia cuenta.
Tu dinero tiene tres velocidades
Antes de dar cifras, necesitas el mapa. Yo siempre digo lo mismo: tu dinero tiene tres velocidades, y casi todos los problemas de liquidez nacen de mezclarlas. O todo parado en la cuenta «por si acaso», o todo atado en productos de los que no puedes salir. Ni lo uno ni lo otro.
- Velocidad 1 — dinero de uso. Lo que pagas este mes: hipoteca o alquiler, luz, comida, colegio, suscripciones. Vive en la cuenta corriente y debe estar disponible al segundo.
- Velocidad 2 — colchón de emergencia. El dinero para imprevistos serios: una avería grande, un bache de ingresos, una factura que no viste venir. No lo tocas cada mes, pero debe poder volver a tu cuenta en uno a tres días hábiles, sin penalización.
- Velocidad 3 — excedente. Lo que sobra una vez cubiertas las dos primeras. Es el único dinero que puede permitirse trabajar a medio y largo plazo, y aun así conviene que no quede bloqueado con permanencias.
La pregunta «¿cuánto dinero tener disponible en la cuenta?» se responde dimensionando bien las velocidades 1 y 2. Vamos con cada una, con ejemplos en euros.
Velocidad 1: cuánto tener en la cuenta corriente
La cuenta corriente es tu caja del día a día. Ni más ni menos. La cifra sale de un minicálculo de dos pasos:
- Calcula tu gasto de un mes normal. Abre los movimientos de los últimos tres meses, suma todos los cargos y divide entre tres. Esa es tu media mensual real, que casi siempre es mayor de lo que uno cree: los recibos trimestrales y los gastos hormiga no perdonan.
- Añade un margen del 20 %. Para el mes en que coinciden el seguro del coche, la vuelta al cole o cualquier cargo que siempre se nos olvida.
Ejemplo: si tus cargos de los últimos tres meses suman 5.550 €, tu media es de 1.850 € al mes. Con el margen del 20 %, tu cifra de cuenta corriente ronda los 2.200 €. Ese es el dinero que debería estar ahí el día 1 de cada mes.
¿Por qué no más? Porque la cuenta corriente en España apenas se remunera, y el dinero que duerme ahí pierde poder adquisitivo un año tras otro. ¿Por qué no menos? Porque ir justo te obliga a vigilar el saldo cada semana, y ese sudor frío antes de un recibo grande también tiene un coste: se llama dormir mal. La velocidad 1 no está para rentar; está para que no pienses en ella.
Velocidad 2: el colchón de emergencia
El colchón es la pieza que separa un susto de un problema. La horquilla clásica —la misma que recomienda Finanzas para Todos, el portal de educación financiera del Banco de España y la CNMV— va de 3 a 6 meses de gastos. En qué punto de esa horquilla caes tú depende de tres factores:
- Estabilidad de ingresos. Nómina fija y sector estable: más cerca de 3 meses. Ingresos variables, autónomo o sector con vaivenes: más cerca de 6, o algo por encima.
- Personas a tu cargo. Cada dependiente empuja la cifra hacia arriba. No es lo mismo cubrirte a ti que cubrir a cuatro.
- Compromisos fijos. Una hipoteca alta o un alquiler caro piden colchón grande; una vida de gastos bajos y flexibles permite uno menor.
Siguiendo el ejemplo: con 1.850 € de gasto mensual, tu colchón razonable está entre 5.550 € (3 meses) y 11.100 € (6 meses). Una pareja con dos nóminas estables y sin hijos puede vivir tranquila en la parte baja; un autónomo con dos hijos y alquiler, mejor en la alta.
Y ahora la clave que casi nadie cuenta: el colchón no tiene que estar en la cuenta corriente. Tiene que estar disponible, que no es lo mismo. Una cuenta remunerada sin permanencia o un fondo monetario te devuelven el dinero en uno a tres días hábiles y, mientras esperas a necesitarlo —ojalá nunca—, al menos le sacan algo de rendimiento. La cuenta corriente es velocidad 1; el colchón puede rodar en velocidad 2 sin perder disponibilidad real. Separarlo tiene además un efecto psicológico que veo constantemente: lo que no está a la vista junto al dinero de uso, no se gasta.
La escala de liquidez: cuánto tarda tu dinero en volver
«Disponible» es una palabra que cada producto entiende a su manera, y la diferencia suele estar en la letra pequeña. Antes de firmar nada, compara con esta tabla: es la diferencia entre poder elegir y quedarte atrapado.
| Producto | Tiempo habitual para disponer | Coste de salir antes | En cristiano |
|---|---|---|---|
| Efectivo y cuenta corriente | Inmediato | Ninguno | Tu dinero de uso. No rinde, pero manda. |
| Cuenta remunerada sin permanencia | 1-2 días hábiles | Ninguno | Buen garaje para el colchón si no exige nómina ni plazos. |
| Fondo monetario | 1-3 días hábiles | Ninguno, aunque el valor puede oscilar levemente | Colchón con algo de rendimiento; entiende el producto antes de entrar. |
| Letras del Tesoro | Al vencimiento (3-12 meses); antes, vendiendo en mercado | Posible pérdida según el precio del momento | Disponibles «con matices»: salir antes de plazo tiene su coste. |
| Depósito a plazo | Al vencimiento | Penalización o pérdida de intereses | La rentabilidad extra te la cobran en libertad. |
| Fondo de inversión | 2-5 días hábiles | Sin penalización, pero el valor fluctúa | Líquido en plazo, no en precio: puedes salir en pérdidas. |
| Plan de pensiones | Jubilación o supuestos tasados; aportaciones con 10 años de antigüedad | Ventana de salida muy limitada | El más bloqueado de la lista. |
| Vivienda | Meses o años | Gastos, impuestos y riesgo de malvender | Patrimonio sí; liquidez, poca. Vender rápido casi siempre es vender mal. |
Fíjate en el patrón: cuanta más rentabilidad prometida, más letra pequeña de disponibilidad. Por eso repito tanto mi máxima: rentabilidad sin disponibilidad es una jaula de oro. No significa renunciar a rentabilizar tu dinero; significa saber exactamente qué puerta cierras, por cuánto tiempo y cuánto costaría abrirla antes de hora.
Si eres autónomo o tienes un pequeño negocio
Aquí hablo con especial cariño, porque he acompañado de cerca a negocios que facturaban bien y aun así sudaban cada día 30. En el negocio, la pregunta no es cuánto tener en la cuenta, sino cuántos meses aguanta tu caja si mañana se tuercen los cobros. Mi regla operativa tiene tres partes:
- Caja mínima: 3 meses de costes fijos. Alquiler del local, cuota de autónomos, seguros, suministros, nóminas si las hay y tu propio sueldo. Si cobras a 60 o 90 días —proveedores de grandes empresas, obra, administración pública—, sube a 6 meses.
- Separación total. Cuenta del negocio y cuenta personal, cada una con su propio colchón. Mezclarlas es la receta clásica para no saber nunca cuánto tienes de verdad… hasta que un pago grande te lo aclara de golpe.
- Previsión de caja de una hoja. Una tabla mensual con los cobros previstos arriba y los pagos previstos abajo, a tres meses vista. Diez minutos cada lunes. No necesitas software: necesitas el hábito de mirar hacia delante en vez de al extracto de ayer.
Minicálculo: si tus costes fijos suman 2.400 € al mes y cobras a 90 días, tu caja objetivo ronda los 14.400 €. ¿Que hoy estás lejos? Normal, casi todos empiezan lejos. Programa un traspaso automático del 5-10 % de cada cobro a una cuenta remunerada del negocio hasta llegar. La liquidez de un negocio no aparece: se construye, cobro a cobro.
El error contrario: pasarse de prudente
Hay un perfil que conozco muy bien: la persona que, por si acaso, lo deja todo en la corriente. Veinte, treinta, cincuenta mil euros parados. Se siente segura, pero está pagando un alquiler silencioso que se llama inflación. Con un IPC del 3 % —el dato oficial lo publica cada mes el INE—, 30.000 € parados pierden unos 900 € de poder de compra en un año. Sin moverse. Sin avisar. Y al año siguiente, otra vez.
Una vez cubiertas las velocidades 1 y 2, el excedente merece trabajar. Mi criterio para elegir dónde es el mismo que aplico al colchón: prioriza opciones que entiendas, con números demostrables —histórico real, no folleto comercial— y, muy importante, sin permanencias que te bloqueen la salida. La vida cambia: un hijo, una mudanza, una oportunidad, un bache. Tu dinero tiene que poder cambiar con ella. Liquidez es poder elegir, también cuando inviertes. Eso sí, seamos claros: toda inversión implica riesgo. La disponibilidad te garantiza poder salir cuando quieras, no salir siempre ganando; quien te prometa las dos cosas a la vez te está vendiendo humo.
Tu cifra en 15 minutos: el método completo
Recapitulemos en cinco pasos que puedes hacer hoy con la app del banco y una nota en el móvil:
- Calcula tu gasto mensual real: suma los cargos de los últimos tres meses y divide entre tres.
- Cuenta corriente objetivo: esa cifra más un 20 %.
- Colchón objetivo: esa cifra multiplicada por 3 a 6, según la estabilidad de tus ingresos y tus cargas. Si eres autónomo, repite el cálculo con los costes fijos del negocio, en su propia cuenta.
- Compara con lo que tienes hoy. ¿Te falta colchón? Traspaso automático mensual hasta llegar, aunque sean 50 €. ¿Te sobra dinero en la corriente? Ese exceso es tu excedente: candidato a trabajar sin quedar bloqueado.
- Revisa la disponibilidad real de lo que ya tienes firmado. Busca permanencias, plazos y penalizaciones en tus productos actuales. Si alguno no te deja salir sin coste, apúntalo: acabas de descubrir qué renovación no vas a firmar.
Y la acción para hoy, porque siempre cierro con una: abre ahora la app del banco, suma los cargos de los últimos tres meses y divide entre tres. Solo eso. Cuando tengas esa cifra delante, todo lo demás —cuenta, colchón, excedente— deja de ser teoría y se convierte en un plan con tu nombre.
Preguntas frecuentes
¿Cuánto dinero es demasiado en la cuenta corriente?
Todo lo que supere con claridad tu gasto mensual más un 20 % de margen. Si gastas 1.850 € al mes y tienes 15.000 € en la corriente, unos 12.800 € están perdiendo valor sin necesidad. Muévelos primero al colchón —cuenta remunerada sin permanencia o fondo monetario— y, cubierto este, decide qué hacer con el excedente.
¿El colchón de emergencia tiene que estar en la misma cuenta?
No, y de hecho es mejor que no. Sepáralo en una cuenta remunerada sin permanencia o en un fondo monetario: sigue disponible en uno a tres días hábiles, genera algo de rendimiento y, al no verlo junto al dinero de uso, no te lo gastas. Disponibilidad no es tenerlo a la vista: es poder recuperarlo rápido y sin coste.
¿Es mejor un depósito o una cuenta remunerada para el colchón?
Para el colchón, casi siempre la cuenta remunerada sin permanencia. El depósito puede pagar algo más, pero bloquea el dinero hasta el vencimiento o penaliza la salida anticipada, y un colchón que te cobra por usarlo no cumple su única función. El depósito, si acaso, para una parte del excedente con fecha de uso conocida.
¿Cuánto dinero debe tener disponible un autónomo?
En el negocio, entre 3 y 6 meses de costes fijos según el plazo de cobro: si tus clientes pagan a 60-90 días, vete a la parte alta. Y en lo personal, su propio colchón de 3 a 6 meses de gastos domésticos, en cuentas separadas. Son dos escudos distintos y hacen falta los dos.
¿Qué hago con el dinero que sobra por encima del colchón?
Ponerlo a trabajar, pero con tus reglas: productos que entiendas, con números demostrables y sin permanencias que te impidan salir si la vida cambia. Compara siempre la disponibilidad real —plazos y penalizaciones— antes que la rentabilidad prometida. Y recuerda que invertir implica riesgo: diversifica y no toques nunca el colchón para hacerlo.


